La crítica costumbrista en los artículos de
Manuel Ascencio Segura
por Álvaro Sarco
“Manuel Ascencio Segura [1805-1871] representa el lado popular y criollo del costumbrismo peruano del siglo XIX -escribió Augusto Tamayo Vargas-. Es la suya una buena exhibición de nuestra clase media, sin trascendencia, con el mero motivo de representar el ambiente social, tal como él lo veía”. A diferencia de Felipe Pardo y Aliaga (1806-1868) que significó la “concepción tradicional y el gusto clásico”, Segura es el representante de una clase media emergente, o que buscaba emerger, en medio de un verdadero vórtice de clases encontradas o desencontradas, prejuicios, nostálgicos del “orden” que según algunos significó la Colonia, y el “caos” que reflejaba el caudillismo reinante pos Independencia.
En tales circunstancias apareció Segura, un hombre dotado de un corrosivo sentido del humor criollo que usó siempre contra los que, a su juicio, atentaban contra los intereses de su precaria “clase media”, contra los militares, y, en general, contra todos aquellos que se oponían al proyecto político que él defendía como era el republicanismo.
Esta “táctica” de satirizar, en lugar de enfrentar directamente, ya sea por el libelo o el artículo argumentativo, a los “males” que Segura identificaba como los causantes de la postración del Perú, le ocasionó numerosas críticas posteriores, como también a los demás costumbristas. Se les dijo, básicamente, que eran meros amanuenses de un espíritu colonial que se negaba a abandonar el ambiente cortesano. Así, José Carlos Mariátegui, en una de sus simplificaciones tan propias de él, inducidas por su esquematismo metodológico afirmó: “Nuestra literatura no sólo es colonial en ese ciclo por su dependencia y su vasallaje a España; lo es, sobre todo, por su subordinación a los residuos espirituales y materiales de la Colonia. Don Felipe Pardo, a quien Gálvez arbitrariamente considera como uno de los precursores del peruanismo literario, no repudiaba la República y sus instituciones por simple sentimiento aristocrático; las repudiaba, más bien, por sentimiento godo. Toda la inspiración de su sátira -asaz, mediocre por lo demás- procede de su mal humor de corregidor o de ‘encomendero’ a quien una revolución ha igualado, en la teoría sino en el hecho, con los mestizos y los indígenas. Todas las raíces de su burla están en su instinto de casta”.
Lo anterior tiene algo de cierto. Si uno constata cuál fue el género y la manera de “quejarse” durante la Colonia, se verifica efectivamente que la especie usada era la sátira, la letrilla, la ironía, entre otras similares. Pero a diferencia de los escritores de la Colonia, los costumbristas –salvo alguna excepción, y en efecto, aún bajo formas literarias coloniales-, lo que propugnaban era el ya señalado republicanismo y la primacía de una clase social que casi no existía durante la colonial con poder político: me refiero a un tipo de burguesía urbana y rural. El costumbrismo ha sido visto generalmente como un esfuerzo por reconocer y describir la “realidad” del país, después de creadas las repúblicas hispanoamericanas. Indudablemente, es algo más. Es el primer intento de autoidentificación regional y nacional. En tal sentido, el costumbrismo importaría más que por su valor literario, por su significación histórica y social. Este género puede parecer hoy en día la expresión arcaica de una nación incipiente, ya definitivamente superada, pero no por eso deja de ser un capítulo representativo -y culturalmente valioso- de nuestra literatura, aún no suficientemente estudiado.
Los inclinados a poner rótulos a los escritores llamaron a Manuel Ascencio Segura el “Padre del Teatro Nacional”. Más allá de esta etiqueta, en efecto, Manuel A. Segura destacó como uno de los mejores comediógrafos peruanos. Asimismo, como fundador de varios diarios, escribió numerosos artículos periodísticos de corte satírico. Entre las comedias que redactó destacan Ña Catita, El Sargento Canuto, La saya y el manto, Un juguete, El santo de Panchita, Las tres viudas, entre otras. Por si ello fuera poco, cultivó también la poesía (con escasa fortuna) y el periodismo.
“Aunque múltiple en sus manifestaciones -escribe Jorge Cornejo Polar- la obra de Manuel Ascencio Segura se halla presidida por un solo propósito que le da unidad y le imprime sentido: hacer crítica de costumbres. Preocupado por algunas insipiencias de nuestra vida cívica, molesto por ciertas fallas del gobierno local, desagradado por determinadas actitudes o hábitos de sus conciudadanos, Segura decidió consagrar su tarea de escritor a mejorar las costumbres de su patria o más exactamente de Lima, escenario y motivo de su obra”.
Entre las características del costumbrismo tenemos:
1. Realismo en la percepción de la vida, tipos sociales y costumbres. Esto supone el intento por describir el comportamiento humano y su entorno, tal y como actúan o aparecen en la vida cotidiana. En el artículo de Segura Las calles de Lima, tenemos un buen ejemplo de esta característica: “(…) Más adelante una señorita que iba distraída, con la vista fija en su amante que pasaba al mismo tiempo por el frente y en dirección contraria, recibió un encontrón casual de la mula de un repartidor de pan que caminaba a toda prisa, y que dándole con los capachos de lleno sobre las posaderas, que según lo visto le costaba su dinero, se las derribó en el suelo sin ceremonia. De este otro lado se advierte, a la puerta de una tienda oscura, una gran paila de chicharrones puesta sobre tres ladrillos a guisa de fogón, y ocupando con su volumen media calle, y llenando de humo y ceniza la otra media; de modo que para pasar por allí es menester tomar la vereda opuesta, y contener el resuello por algunos minutos (…)”
2. Uso de la sátira, ironía y burla, mezclándolas con un afianzamiento en la realidad. Obsérvese en el artículo Prefacio del cometa algunos aspectos de esta segunda característica: “Una de las cosas que más contribuirá, en mi concepto, a caracterizar el siglo en que vivimos, con respecto a los pasados y a los porvenir, será ese flujo, o esa manía de escribir que tanto se ha generalizado en todas partes. Desde el grave y orgulloso diplomático hasta el último y más humilde oficinista; desde el comerciante acaudalado hasta el endrogado corredor; desde el menestral activo e industrioso hasta el arrancado aprendiz de zapatero, todos escriben, y sobre cuanto les da la gana. El uno escribe bien, el otro mal; aquél con razón, y éste sin ella; esotro por necesidad, y aqueste por antojo o por capricho; unos saben lo que escriben, otros escriben lo que saben; éstos no saben lo que escriben, y aquéllos escriben lo que no saben”.
3. Reflejo y aceptación popular por el uso de temas, lenguaje y personajes cercanos a la realidad. Esta es una de las características que echan por tierra las acusaciones de que el costumbrismo tenía una dirección aristocratizante, cuando una lectura atenta de los artículos y piezas teatrales, muestran más bien lo contrario. No digo que los escritores costumbristas, como Segura, hayan escrito para el “pueblo llano”, generalmente analfabeto por aquella época, sino, como ya se dijo, para un público educado, clasemediero, capaz de decodificar la sutileza, la ironía, y el fino doble sentido de los escritos costumbristas. El tema de la aceptación “popular”, y cierta complicidad entre el escritor y sus lectores, están graciosamente retratados al principio de Otra visita: ”Enojadísimo has de estar conmigo, lector muy curioso y muy amado, porque hace algún tiempo que no te doy materia para que ejercites sobre mí tu sueltísima sin pelo; pero, para otra vez que calle, te aconsejo (aunque en contra mía) que te desquites de mi silencio mientras dure llamándome animal, muñeco, zampalimones, o Juana de la Coba si te da la gana; y que atribuyas la escasez de mis artículos a la estupidez de mi mollera, que no puede vaciarse como costal siempre y cuando se te antoja para que me desuelles sin piedad”.
4. Se cultivó preferentemente en el teatro y el periodismo. En efecto, a la valiosa producción teatral de Segura, se suman sus artículos de costumbres, valiosos desde muchos puntos de vista: desde la ocasión que nos dan de reconstruir la arquitectura y modales de una época, hasta las ideas políticas, económicas y sociales que por entonces se hallaban en pugna o en debate.
El costumbrismo, tal y como lo han clasificado sus principales estudiosos, tuvo dos corrientes. Uno primero llamado “criollismo”, del que fue su máximo exponente Manuel Ascencio Segura. Esta corriente tuvo una tendencia más popular, con clara simpatía por el gobierno republicano. Segura se adscribía al concepto madisoniano de republicanismo que coincidía en muchas dimensiones importantes con la noción aristotélica de politeia. A James Madison le preocupaba el medio por el que se pudiera asegurar un gobierno “justo y estable”. Para esto, invocaba a una “clase media” predominante y propugnaba una República en la que los distintos intereses se supervisasen y controlasen entre sí. Madison también hacía hincapié en la elección de representantes por parte del pueblo, ya que éstos sacrificarían con menor probabilidad el bien público de lo que lo haría la mayoría de la gente. Según escribió Madison, las democracias “puras”, en las que el pueblo gobernaba de forma directa, “siempre han sido espectáculos de turbulencia y de enfrentamiento”. Sobre esto último, Segura toma como hiperbólica alabanza, el de calificar a alguien de republicano (en este caso, un finado) en Dios te guarde del día de las alabanzas (Anexo).
Del otro lado del “criollismo”, está la corriente del “anticriollismo”, cuyo exponente máximo fue Felipe Pardo y Aliaga. Este sería un costumbrismo más afincado en las élites detentadoras del poder, sin que ello significara necesariamente un incontenible deseo de regresar a la Colonia, tal y como afirmaba Mariátegui: “Don Felipe Pardo y Don José Antonio de Lavalle, conservadores convictos y confesos, evocaban la Colonia con nostalgia y con unción”.
Con todo, bien pudo también darse el caso, puntualmente en la figura de Felipe Pardo y Aliaga en el campo literario, y muchos otros en diversas esferas, de cierta inconformidad con el nuevo status quo. No olvidemos que el proceso de independencia fue harto complejo, más aún en el Perú, donde había parcelas políticas y amplios sectores sociales que se oponían o ignoraban los cambios que acaecían, y para los cuales podía perfectamente entenderse -considerando sus circunstancias- que vieran con malos ojos o como una imposición el llamado proceso independentista. Una de las principales consecuencias del decreto del Libre Comercio de 1778, fue incentivar el rápido crecimiento comercial de las ciudades de Guayaquil, Caracas, Buenos Aires y Valparaíso. Las burguesías comerciales de Caracas y Buenos Aires se independizaron de España a inicios del siglo XIX. Y para consolidar su reciente prosperidad económica sintieron la necesidad de expulsar a los españoles del Perú. Por ello, entre otras razones, organizaron dos campañas: la del sur al mando de San Martín, y la del norte dirigida por Bolívar. Sectores económicamente poderosos del Perú, en cambio, apostaron por seguir siendo colonia, pues durante tres siglos se habían beneficiado con el monopolio comercial. Y definitivamente un régimen de libre comercio perjudicaría sus intereses. Por eso financiaron las tropas del virrey hasta 1824. Por cierto, en el Perú sí hubo liberales, pero eran una notoria minoría que por sí misma poco hubiera logrado.
“La crítica costumbrista –anota Jorge Cornejo Polar- era la finalidad fundamental perseguida por Segura, al menos en teoría, aunque en el hecho mismo la crítica con frecuencia se diluya en la pura reproducción de modos de ser sociales”. Prueba de esta acertada observación de Jorge Cornejo Polar está en el hecho de que, muchas veces, la insistente crítica a los militares –crítica fundamental para extirpar uno de los peores males de la historia nacional- no pasaba de eficaz caricaturización del caudillaje militar: “Pero viéndolo bien, hija, qué mamada tan grande es ser militar, ¿no? -¿Por qué lo dices, Carmencito?- Porque toda la vida vive uno a costillas del Estado, sin tener que hacer más que rascarse la barriga, y pintar por las calles con los bigotes, la espada, y los bordados: y el día que se ofrece una batalla (cosa que no sucede sino muy rara vez) le queda a uno su derecho a salvo para correr hasta donde pueda, dejando al crédulo del Estado en las astas del toro; sin hacer cuenta que los sueldos se habían recibido para este solo lance; y riéndose de los tontos que se dejan matar por amor a la patria, y otras boberías por el estilo”.
Decía que esta eficaz caricaturización que figura en el artículo El té y la mazamorra, se ve ensombrecida en sus posibilidades de crítica al ser, a reglón seguido, sobrepasado por el cuadro de costumbres y la casi compasiva reconvención satírica de algunos modales de la sociedad limeña decimonónica.
Queda por resaltar en esta apretada nota acerca de la crítica costumbrista en los artículos de Segura un tópico que atraviesa las mejores páginas del autor de El sargento Canuto, me refiero al tema de las mujeres.
Al leer los artículos de Segura uno no puede dejar de sorprenderse ante la imagen de la mujer que el escritor costumbrista nos da, al menos del tipo de mujer que el escritor frecuentó o llamó su atención. Lejos está de presentarnos a una mujer sumisa, pacienzuda o presta a la resignación. Por el contrario, en muchos aspectos son los hombres los que pasan a una condición ridícula cuando no es pusilánime. Veamos algunos ejemplos:
“En vano son reflexiones y cariños; esto es tiempo perdido. Todo lo que huele a negativa la irrita y desespera, y le hace echar la casa abajo a gritos y reniegos”. (Me voy al Callao).
“Por otra parte, con dificultad se encontrará en Lima una mujer más gastadora que la mía. Las islas del guano no serían suficientes para satisfacer sus antojos, o sus caprichos, si las pusiesen a su disposición”. (Siempre soy quien capitula).
“-Calle usted la boca que no sabe lo que dice, repuso doña Goyita encendida en cólera, calle usted la boca, ¡Santa Cruz buen militar! Santa Cruz el non plus ultra ¡qué disparates! ¿Sabe usted lo que es el tal Santa Cruz? Un cholo jetón, indecente, sucio, hediondo, bruto, miserable y mal agradecido…” (Otra visita).
“-¡Jesús! ¡Qué hombre tan cansado y tan fastidioso! Toda la vida me has de estar regañando… ¡Ave María! Pero ya se ve, si ya estás viejo”. (El té y la mazamorra).
Quiero terminar con estas palabras de uno de los mejores estudiosos del costumbrismo literario, me refiero al ya citado Jorge Cornejo Polar: “En definitiva, pues, los artículos de costumbres de Manuel Ascencio Segura representan una de las partes significativas de su obra. A la altura de sus intenciones de mejoramiento social hay que agregar la calidad literaria representada en particular por la vitalidad de ciertos personajes, por la sabrosa riqueza de narraciones y descripciones, por la agilidad y ritmo del diálogo, por la facilidad del discurso narrativo. Junto a todo ello debe inscribirse como mérito la posibilidad encerrada en estos textos de servir al conocimiento de algunos aspectos de la realidad social limeña del siglo XIX y su condición de testimonios fehacientes de los usos lingüísticos vigentes en tal época”.
Álvaro Sarco
sábado, 2 de enero de 2010
SOBRE LA LITERATUTA EN PERU
LITERATURA PERUANA
Fuente: http://www.sir.edu.pe/Feria/Bernini/PaginaWeb/artecienciatecnologia.htm
La Literatura peruana, como las demás manifestaciones culturales y artísticas, han pasado por varias etapas, en las cuales fue influenciada por movimientos o corrientes nacionales e internacionales. Los acontecimientos trascendentales de la historia, sirvieron de inspiración a los artistas que plasmaron en su obra el sentir de la época. En la literatura de los siglos XlX y XX distinguimos varias corrientes:
EN EL SIGLO XlX
La Literatura republicana de este siglo tiene sus orígenes y antecedentes en la Literatura pre-revolucionaria del siglo XVIII, en la cual se pueden distinguir diversos ciclos que estaban relacionados con los acontecimientos y procesos políticos de la época, y que se vieron reflejados en :
- Los Pasquines Anónimos, que eran redactados contra la autoridad virreinal de la época, por lo general denunciando los atropellos, y demandando justicia. Estos son anteriores a la revolución de Túpac Amaru y en ellos expresaron el descontento criollo por las reformas fiscales del Despotismo Ilustrado.
- Durante el ciclo heroico de Túpac Amaru, en los cuales se expresaban manifestaciones en contra o a favor del caudillo indígena.
- En el ciclo de las Revoluciones, con escritos manifestando posiciones encontradas por la lucha de la independencia americana.
En la Literatura Peruana de la República, se manifestaron tres corrientes literarias, que surgen por la influencia europea y los acontecimientos del momento:
a) EL COSTUMBRISMO, Abarcó el largo período en el cual se dieron las distintas manifestaciones del panorama político de los días agitados por las luchas caudillistas y las dictaduras. Se caracteriza por su apego a la realidad, descritas con tono de humor y satírico. Los principales representantes de esta corriente son :
- Felipe Pardo y Aliaga, en cuyas principales obras están las comedias como: "Frutos de la Educación", "Don Leocadio", "El Aniversario de Ayacucho" y "Una huérfana en Chorrillos".
- Manuel Ascencio Segura, considerado el padre del teatro peruano, escribió artículos costumbristas, poesía satírica y comedias, entre las que destacan La Palimuertada, El Sargento Canuto, Ñacatita, Las Tres Viudas, La Pepa, Lances de Amancaes, etc.
b) EL ROMANTICISMO, Corriente literaria que estuvo en todo su vigor en la pluma de Víctor Hugo y que llegó y surgió en el Perú con el triunfo de la revolución Liberal de 1854 y la organización de nuestra vida republicana. Esta manifestación literaria busca temas nacionales, exalta el amor y los sentimientos personales; la desolación, la soledad, la incomprensión, el desengaño y la muerte aparecen continuamente en la poesía. Los representantes del romanticismo son Carlos Augusto Salaverry, Ricardo Palma, Manuel Nicolás Corpancho, José Arnaldo Márquez, Luis Benjamín Cisneros, Pedro Paz Soldán y Unanue (Juan de Arona).
c) EL REALISMO, Fue una corriente literaria que surgió en el Perú desde fines del siglo pasado hasta principios del presente siglo, la crisis que surgió después de la guerra con Chile, provocó una actitud reflexiva, analítica y de crítica abierta que se manifiesta en la literatura. Los principales representantes fueron: Manuel González Prada, Mercedes Cabello de Carbonera, Clorinda Matto de Turner, Abelardo Gamarra (El tunante), etc.
EN EL SIGLO XX
a) EL MODERNISMO, Corriente literaria de carácter eminentemente poética buscó enaltecer la belleza, utilizando la palabra en su más alta expresión de color, sonoridad del sentimiento expresado en versos. Surgió en América a fines del siglo XlX, siendo su más alto exponente Rubén Darío. En el Perú se afianzó a comienzos del siglo XX y tuvo poca duración. Esta corriente buscaba la renovación literaria y espiritual a través de la libertad, la originalidad y la belleza. La figura principal del modernismo fue José Santos Chocano entre otros autores como José Galvez Barrenechea, Leonidas Yerovi, Enrique Bustamante y Ballivan, Percy Gibson, Alberto Ureta, etc.
Como una rama del modernismo surgió a comienzos del siglo la llamada generación arielista, agrupación aristocratizante y elitista dirigida por José de la Riva Agüero y Osma en la cual se encuentran también Víctor Andrés Belaúnde, Francisco García Calderón, Alejandro Deústua, Jorge Polar, etc.
b) EL POST- MODERNISMO, Surge como un movimiento contrario a la generación arielista, crea nuevas expresiones poéticas y resalta el provincialismo. Una de sus manifestaciones fue la revista llamada Colonida dirigida por Abraham Valdelomar y animado por un grupo de poetas y escritores, entre los que destacan Federico More.
c) EL VANGUARDISMO, La influencia de las nuevas ideas del vanguardismo europeo y los cambios socio económicos que experimenta la sociedad de la época hacen que los poetas y literatos inicien una renovación. El puneño Carlos Oquendo de Amat en su obra "5 metros de poemas", plasma los principios de la escritura vanguardista. Están también Cesar Vallejo con Trilce, Alberto Hidalgo, Juan Parra del Riego, etc. Un grupo de autores enriquecidos con las experiencias vanguardistas europeas, dieron a conocer sus obras a través de la revista Amauta. Ellos son César More, Xavier Abril, Emilio Adolfo Westphalen, Rafael Benavides de la Fuente (Martín Adán), etc.
d) EL INDIGENISMO, Fue el movimiento cultural más coherente y significativo de ese tiempo. Puso de Relieve el mundo indígena y el régimen de injusticia bajo el cual vivía, reivindicando además lo autóctono. La figura central del indigenismo fue Luis E. Valcárcel quien alentó un indigenismo exaltado hasta cierto punto utópico como se aprecia en Tempestad en los Andes. En ruta cultural del Perú se afirma un Indigenismo científico. La actitud y pensamiento de Valcárcel generó una mística indigenista. Otros representantes fueron José Carlos Mariátegui, Uriel García, Hildebrando Castro Pozo, Ciro Alegría, José María Arguedas, etc.
e) CORRIENTES ACTUALES, Desde la década del 50 hasta la actualidad, caracterizó a esta época la disconformidad política y social, manifestada mediante la movilización de campesinos, migraciones hacía las grandes urbes, invasión de tierra, huelgas laborales, sindicalización de trabajadores, guerrillas, etc. Esto influye en la literatura que busca cambios sociales.
La generación del 50. Estuvo formada por un grupo de escritores que realizan importantes reformas con respecto a las corrientes anteriores. El indigenismo ya no ejerce tanta influencia. Se cambia los temas de campo por los de la ciudad, especialmente de Lima y los problemas que tiene esta gran urbe como consecuencia del centralismo. Representantes de esta generación son Julio Ramón Ribeyro, Enrique Congrains, Sebastián Salazar Bondy, Carlos Zavaleta, etc.
La década del 60, surge con una nueva narrativa hispanoamericana siendo el escritor Mario Vargas Llosa el primero en situarse dentro de este contexto. Otros escritores notables de esta época son Manuel Scorza, Oswaldo Reynoso, Alfredo Bryce, etc. En la poesía también se dio una revolución en la forma. Los principales representantes son: Javier Heraud, Cesar Calvo, Antonio Cisneros, Raúl Bueno, Luis Hernández, etc.
Desde la década del 70 hasta la actualidad, la literatura se vio enriquecida por obras importantes como canto de Sirena de Gregorio Martínez, Monólogo de las tinieblas de Antonio Gálvez Ronceros. Son importantes también las obras narrativas de Miguel Gutiérrez, Luis Urteaga Cabrera. En poesía destacan Jorge Pimentel, Enrique Verástegui, José Watanabe, Abelardo Sánchez León, Oscar Málaga, José Antonio Mazzoti, etc.
Fuente: http://www.sir.edu.pe/Feria/Bernini/PaginaWeb/artecienciatecnologia.htm
La Literatura peruana, como las demás manifestaciones culturales y artísticas, han pasado por varias etapas, en las cuales fue influenciada por movimientos o corrientes nacionales e internacionales. Los acontecimientos trascendentales de la historia, sirvieron de inspiración a los artistas que plasmaron en su obra el sentir de la época. En la literatura de los siglos XlX y XX distinguimos varias corrientes:
EN EL SIGLO XlX
La Literatura republicana de este siglo tiene sus orígenes y antecedentes en la Literatura pre-revolucionaria del siglo XVIII, en la cual se pueden distinguir diversos ciclos que estaban relacionados con los acontecimientos y procesos políticos de la época, y que se vieron reflejados en :
- Los Pasquines Anónimos, que eran redactados contra la autoridad virreinal de la época, por lo general denunciando los atropellos, y demandando justicia. Estos son anteriores a la revolución de Túpac Amaru y en ellos expresaron el descontento criollo por las reformas fiscales del Despotismo Ilustrado.
- Durante el ciclo heroico de Túpac Amaru, en los cuales se expresaban manifestaciones en contra o a favor del caudillo indígena.
- En el ciclo de las Revoluciones, con escritos manifestando posiciones encontradas por la lucha de la independencia americana.
En la Literatura Peruana de la República, se manifestaron tres corrientes literarias, que surgen por la influencia europea y los acontecimientos del momento:
a) EL COSTUMBRISMO, Abarcó el largo período en el cual se dieron las distintas manifestaciones del panorama político de los días agitados por las luchas caudillistas y las dictaduras. Se caracteriza por su apego a la realidad, descritas con tono de humor y satírico. Los principales representantes de esta corriente son :
- Felipe Pardo y Aliaga, en cuyas principales obras están las comedias como: "Frutos de la Educación", "Don Leocadio", "El Aniversario de Ayacucho" y "Una huérfana en Chorrillos".
- Manuel Ascencio Segura, considerado el padre del teatro peruano, escribió artículos costumbristas, poesía satírica y comedias, entre las que destacan La Palimuertada, El Sargento Canuto, Ñacatita, Las Tres Viudas, La Pepa, Lances de Amancaes, etc.
b) EL ROMANTICISMO, Corriente literaria que estuvo en todo su vigor en la pluma de Víctor Hugo y que llegó y surgió en el Perú con el triunfo de la revolución Liberal de 1854 y la organización de nuestra vida republicana. Esta manifestación literaria busca temas nacionales, exalta el amor y los sentimientos personales; la desolación, la soledad, la incomprensión, el desengaño y la muerte aparecen continuamente en la poesía. Los representantes del romanticismo son Carlos Augusto Salaverry, Ricardo Palma, Manuel Nicolás Corpancho, José Arnaldo Márquez, Luis Benjamín Cisneros, Pedro Paz Soldán y Unanue (Juan de Arona).
c) EL REALISMO, Fue una corriente literaria que surgió en el Perú desde fines del siglo pasado hasta principios del presente siglo, la crisis que surgió después de la guerra con Chile, provocó una actitud reflexiva, analítica y de crítica abierta que se manifiesta en la literatura. Los principales representantes fueron: Manuel González Prada, Mercedes Cabello de Carbonera, Clorinda Matto de Turner, Abelardo Gamarra (El tunante), etc.
EN EL SIGLO XX
a) EL MODERNISMO, Corriente literaria de carácter eminentemente poética buscó enaltecer la belleza, utilizando la palabra en su más alta expresión de color, sonoridad del sentimiento expresado en versos. Surgió en América a fines del siglo XlX, siendo su más alto exponente Rubén Darío. En el Perú se afianzó a comienzos del siglo XX y tuvo poca duración. Esta corriente buscaba la renovación literaria y espiritual a través de la libertad, la originalidad y la belleza. La figura principal del modernismo fue José Santos Chocano entre otros autores como José Galvez Barrenechea, Leonidas Yerovi, Enrique Bustamante y Ballivan, Percy Gibson, Alberto Ureta, etc.
Como una rama del modernismo surgió a comienzos del siglo la llamada generación arielista, agrupación aristocratizante y elitista dirigida por José de la Riva Agüero y Osma en la cual se encuentran también Víctor Andrés Belaúnde, Francisco García Calderón, Alejandro Deústua, Jorge Polar, etc.
b) EL POST- MODERNISMO, Surge como un movimiento contrario a la generación arielista, crea nuevas expresiones poéticas y resalta el provincialismo. Una de sus manifestaciones fue la revista llamada Colonida dirigida por Abraham Valdelomar y animado por un grupo de poetas y escritores, entre los que destacan Federico More.
c) EL VANGUARDISMO, La influencia de las nuevas ideas del vanguardismo europeo y los cambios socio económicos que experimenta la sociedad de la época hacen que los poetas y literatos inicien una renovación. El puneño Carlos Oquendo de Amat en su obra "5 metros de poemas", plasma los principios de la escritura vanguardista. Están también Cesar Vallejo con Trilce, Alberto Hidalgo, Juan Parra del Riego, etc. Un grupo de autores enriquecidos con las experiencias vanguardistas europeas, dieron a conocer sus obras a través de la revista Amauta. Ellos son César More, Xavier Abril, Emilio Adolfo Westphalen, Rafael Benavides de la Fuente (Martín Adán), etc.
d) EL INDIGENISMO, Fue el movimiento cultural más coherente y significativo de ese tiempo. Puso de Relieve el mundo indígena y el régimen de injusticia bajo el cual vivía, reivindicando además lo autóctono. La figura central del indigenismo fue Luis E. Valcárcel quien alentó un indigenismo exaltado hasta cierto punto utópico como se aprecia en Tempestad en los Andes. En ruta cultural del Perú se afirma un Indigenismo científico. La actitud y pensamiento de Valcárcel generó una mística indigenista. Otros representantes fueron José Carlos Mariátegui, Uriel García, Hildebrando Castro Pozo, Ciro Alegría, José María Arguedas, etc.
e) CORRIENTES ACTUALES, Desde la década del 50 hasta la actualidad, caracterizó a esta época la disconformidad política y social, manifestada mediante la movilización de campesinos, migraciones hacía las grandes urbes, invasión de tierra, huelgas laborales, sindicalización de trabajadores, guerrillas, etc. Esto influye en la literatura que busca cambios sociales.
La generación del 50. Estuvo formada por un grupo de escritores que realizan importantes reformas con respecto a las corrientes anteriores. El indigenismo ya no ejerce tanta influencia. Se cambia los temas de campo por los de la ciudad, especialmente de Lima y los problemas que tiene esta gran urbe como consecuencia del centralismo. Representantes de esta generación son Julio Ramón Ribeyro, Enrique Congrains, Sebastián Salazar Bondy, Carlos Zavaleta, etc.
La década del 60, surge con una nueva narrativa hispanoamericana siendo el escritor Mario Vargas Llosa el primero en situarse dentro de este contexto. Otros escritores notables de esta época son Manuel Scorza, Oswaldo Reynoso, Alfredo Bryce, etc. En la poesía también se dio una revolución en la forma. Los principales representantes son: Javier Heraud, Cesar Calvo, Antonio Cisneros, Raúl Bueno, Luis Hernández, etc.
Desde la década del 70 hasta la actualidad, la literatura se vio enriquecida por obras importantes como canto de Sirena de Gregorio Martínez, Monólogo de las tinieblas de Antonio Gálvez Ronceros. Son importantes también las obras narrativas de Miguel Gutiérrez, Luis Urteaga Cabrera. En poesía destacan Jorge Pimentel, Enrique Verástegui, José Watanabe, Abelardo Sánchez León, Oscar Málaga, José Antonio Mazzoti, etc.
jueves, 31 de diciembre de 2009
Un acercamiento a S. Colonia
Rodrigo Quijano
Para conocer debo acercarme más. Se ha partido el cielo y ha cesado la lluvia que enrejaba el paisaje. Deja al perro lamerse las llagas y el pene encendido. El neón es una lengua que sonroja santas y querubines en las mudas sombras de un atardecer postal, pensando que el tallo remonta sobre sí y hace estallar palmeras y frutos que engordan como garrapatas al borde de un encerado cocktail de trópico y desorden. Para saber debo acercarme más, y aquí me tienes. La coloreada imagen de la niña-virgen es la denuncia de un crimen consumado a medias, la isla que eleva el único cirio que gotea luces, como esas cruces al borde de las carreteras, así, mitad dispuestas por la arena, mitad por los parientes que se abandonan al silencio ante el silencio de miradas que ofenden por su rapidez. Así dispuestas esas cruces pueden ser casi el cierre-relámpago de un país que muestra sus intimidades, lo percudido y lo perdido. Y la imagen de la niña gime: unas rodillas flacas y la madre suelta la sábana iluminando el cuarto con un aroma de trenzas que se abrazan en la madrugada, como en un llanto de despedida. Para saber vuelvo a acercarme. El equilibrio del grillo tensa la tarde, y la gente que regresa cansada de las playas pule rostros en la superficie de sus ollas y el crepúsculo me bombardea de neones tropicales que se encienden a mi paso y en los plásticos, ojos del gorrión mi intuición emprende un vuelo sin retorno.
Rodrigo Quijano
Para conocer debo acercarme más. Se ha partido el cielo y ha cesado la lluvia que enrejaba el paisaje. Deja al perro lamerse las llagas y el pene encendido. El neón es una lengua que sonroja santas y querubines en las mudas sombras de un atardecer postal, pensando que el tallo remonta sobre sí y hace estallar palmeras y frutos que engordan como garrapatas al borde de un encerado cocktail de trópico y desorden. Para saber debo acercarme más, y aquí me tienes. La coloreada imagen de la niña-virgen es la denuncia de un crimen consumado a medias, la isla que eleva el único cirio que gotea luces, como esas cruces al borde de las carreteras, así, mitad dispuestas por la arena, mitad por los parientes que se abandonan al silencio ante el silencio de miradas que ofenden por su rapidez. Así dispuestas esas cruces pueden ser casi el cierre-relámpago de un país que muestra sus intimidades, lo percudido y lo perdido. Y la imagen de la niña gime: unas rodillas flacas y la madre suelta la sábana iluminando el cuarto con un aroma de trenzas que se abrazan en la madrugada, como en un llanto de despedida. Para saber vuelvo a acercarme. El equilibrio del grillo tensa la tarde, y la gente que regresa cansada de las playas pule rostros en la superficie de sus ollas y el crepúsculo me bombardea de neones tropicales que se encienden a mi paso y en los plásticos, ojos del gorrión mi intuición emprende un vuelo sin retorno.
Discurso de la niña ausente
Ricardo Peña Barrenechea
Damita mía que vienes
a despertar mi silencio.
Damita de un cielo blanco
rubia como un largo beso.
Naciste un día de júbilo
cuando el sol era una lámpara
que alumbrara mi camino
todo velado de lágrimas.
Durante siete veranos
te di mi alma enamorada;
y siete nieves te he amado
dándome tú tu alma blanca.
Siete primaveras de oro
deshojé sobre tus manos;
y siete lunas de otoño
me dieron tus ojos cándidos.
Siete serafines rojos
custodian tu seno pálido;
siete golondrinas rápidas
tus cabellos amasaron.
Damita de larga cola
toda vestida de ensueño,
entre tus tórtolas manos
se abre la flor del silencio.
Lejos de ti tu presencia
me invita a seguir amando
mi soledad —campo abierto
que me ha sido siempre amargo.
Ricardo Peña Barrenechea
Damita mía que vienes
a despertar mi silencio.
Damita de un cielo blanco
rubia como un largo beso.
Naciste un día de júbilo
cuando el sol era una lámpara
que alumbrara mi camino
todo velado de lágrimas.
Durante siete veranos
te di mi alma enamorada;
y siete nieves te he amado
dándome tú tu alma blanca.
Siete primaveras de oro
deshojé sobre tus manos;
y siete lunas de otoño
me dieron tus ojos cándidos.
Siete serafines rojos
custodian tu seno pálido;
siete golondrinas rápidas
tus cabellos amasaron.
Damita de larga cola
toda vestida de ensueño,
entre tus tórtolas manos
se abre la flor del silencio.
Lejos de ti tu presencia
me invita a seguir amando
mi soledad —campo abierto
que me ha sido siempre amargo.
XXV
(Eclipse de una tarde gongorina).
Ricardo Peña Barrenechea
Niña del cielo por abril florido.
Jilguero tornasol —pluma nevada
con la niebla del canto en la mirada
y el fuego de la mar en el vestido.
Del campo desdeñé pájaro ido
por asir de su lengua el pez espada;
y a la espiral del aire la enconchada
prendido a la metal de su sonido.
Al claro día di la herida espalda.
Y al marfil de su cuerpo el ojo-velo;
desnudo ya en su gruta de esmeralda.
Carrousel de la dicha y los dolores.
—oh fuego de la mar, rosa del cielo—
de estirpe y manantial de ruiseñores.
(Eclipse de una tarde gongorina).
Ricardo Peña Barrenechea
Niña del cielo por abril florido.
Jilguero tornasol —pluma nevada
con la niebla del canto en la mirada
y el fuego de la mar en el vestido.
Del campo desdeñé pájaro ido
por asir de su lengua el pez espada;
y a la espiral del aire la enconchada
prendido a la metal de su sonido.
Al claro día di la herida espalda.
Y al marfil de su cuerpo el ojo-velo;
desnudo ya en su gruta de esmeralda.
Carrousel de la dicha y los dolores.
—oh fuego de la mar, rosa del cielo—
de estirpe y manantial de ruiseñores.
X
Ricardo Peña Barrenechea
Naranjas niñas del sol.
Por cielo y mar las gaviotas
a lomos de caracol.
Senos de rubias doncellas.
Brisa enana y desdos ángeles
saludan hoy las estrellas.
Tarde de otoño marino.
La luna rota en las manos,
y todo el mar en el vino.
Cielos de piel ambarina
con olor a carne virgen
y sabor de golondrina.
Ricardo Peña Barrenechea
Naranjas niñas del sol.
Por cielo y mar las gaviotas
a lomos de caracol.
Senos de rubias doncellas.
Brisa enana y desdos ángeles
saludan hoy las estrellas.
Tarde de otoño marino.
La luna rota en las manos,
y todo el mar en el vino.
Cielos de piel ambarina
con olor a carne virgen
y sabor de golondrina.
Pato con arróz
Ricardo Palma
Conocí a don Macario; era un honrado barbero que tuvo tienda pública en Malambo, allá cuando Echenique y CastiIIa nos hacían turumba a los peruanos.
Vecina a la tienda había una casita habitada por Chomba (Gerónima), consorte del barbero y su hija Manonga (Manuela), que era una chica de muy buen mirar, vista de proa, y de mucho culebreo de cintura y nalgas, vista de popa.
Don Macario, sin ser borracho habitual nunca hizo ascos a una copa de moscorrofio; y así sus amigos, como los galancetes o enamorados de la muchacha, solían ir a la casa para remojar una aceitunita. El barbero que, aunque pobre, era obsequioso para los amigos que su domicilio honraban, condenaba a muerte una gallina o a un pavo del corral y entre la madre y la hija, improvisaban una sabrosa merienda o cuchipanda.
En estas y otras, sucedió que, una noche, sorprendiera el barbero a Manonguita, que se escapaba de la casa paterna, en amor y companía de cierto mozo muy cunda.
Después de las exclamaciones, gritos y barullo del caso, dijo el padre:
--Usted se casa con la muchacha o le muelo
las costilIas con este garrote.
--No puedo casarme--contestó el mocito.
--!Cómo que no puede casarse, so canalla! --excIamó el viejo, enarboIando el leño; es decir que se proponía usted culear a Ia muchacha, así... de bóbilis, bóbilis... de cuenta de buen mozo y después. . . ahí queda el queso para que se lo coman Ios ratones? No señor, no me venga con cumbiangas, porque o se casa usted, o lo hago charquicán.
--Hombre, no sea usted súpito, don Macario, ni se suba tanto al cerezo; óigame usted, con flema, pero en secreto.
Y apartándose, un poco, padre y raptor, dijo éste, al oído, a aquél:
--Sepa usted, y no lo cuente a nadie, que no puedo casarme, porque... soy capón; pregúntele al doctor Alcarraz? si no es cierto que, hace dos años, para curarme de una purgación de garrotillo, tuvo que sacarme el huevo izquierdo, dejándome en condición de eunuco.
--¿Y entonces, para qué se la llevaba usted a mi hija?--arguyó el barbero, amainando su exaltación.
--!Hombre, maestrito! Yo me la llevaba para cocinera, porque las veces que he comido en casa de usted, me han probado que Manonga hace un arroz con pato delicioso y de chuparse los dedos.
Ricardo Palma
Conocí a don Macario; era un honrado barbero que tuvo tienda pública en Malambo, allá cuando Echenique y CastiIIa nos hacían turumba a los peruanos.
Vecina a la tienda había una casita habitada por Chomba (Gerónima), consorte del barbero y su hija Manonga (Manuela), que era una chica de muy buen mirar, vista de proa, y de mucho culebreo de cintura y nalgas, vista de popa.
Don Macario, sin ser borracho habitual nunca hizo ascos a una copa de moscorrofio; y así sus amigos, como los galancetes o enamorados de la muchacha, solían ir a la casa para remojar una aceitunita. El barbero que, aunque pobre, era obsequioso para los amigos que su domicilio honraban, condenaba a muerte una gallina o a un pavo del corral y entre la madre y la hija, improvisaban una sabrosa merienda o cuchipanda.
En estas y otras, sucedió que, una noche, sorprendiera el barbero a Manonguita, que se escapaba de la casa paterna, en amor y companía de cierto mozo muy cunda.
Después de las exclamaciones, gritos y barullo del caso, dijo el padre:
--Usted se casa con la muchacha o le muelo
las costilIas con este garrote.
--No puedo casarme--contestó el mocito.
--!Cómo que no puede casarse, so canalla! --excIamó el viejo, enarboIando el leño; es decir que se proponía usted culear a Ia muchacha, así... de bóbilis, bóbilis... de cuenta de buen mozo y después. . . ahí queda el queso para que se lo coman Ios ratones? No señor, no me venga con cumbiangas, porque o se casa usted, o lo hago charquicán.
--Hombre, no sea usted súpito, don Macario, ni se suba tanto al cerezo; óigame usted, con flema, pero en secreto.
Y apartándose, un poco, padre y raptor, dijo éste, al oído, a aquél:
--Sepa usted, y no lo cuente a nadie, que no puedo casarme, porque... soy capón; pregúntele al doctor Alcarraz? si no es cierto que, hace dos años, para curarme de una purgación de garrotillo, tuvo que sacarme el huevo izquierdo, dejándome en condición de eunuco.
--¿Y entonces, para qué se la llevaba usted a mi hija?--arguyó el barbero, amainando su exaltación.
--!Hombre, maestrito! Yo me la llevaba para cocinera, porque las veces que he comido en casa de usted, me han probado que Manonga hace un arroz con pato delicioso y de chuparse los dedos.
La moza del gobierno
Ricardo Palma
Carolina L. .. era, en 1861, una guapa hembra y por la que el Presidente de la República, el gran mariscal don Ramón Castilla, se desmerecía como un cadete. Con frecuencia y de tapadillo, como se dice, iba después de Ias once de la noche a visitarla, siendo notorio que su excelencia era el pagano que, sin tacañería, cuidaba del boato de Ia dama.
El mariscal tenía, por entonces, sesenta y cuatro agostos, pues nació en 1797, y aún parecía hombre sano y enterote; algo debió influir la edad, para que Carolina anheIara las caricias de un joven, con vigor, para registrarla bien los riñones de la concha, cucaracha o como la llamen ustedes.
Víctor Proaño, que con el tiempo llegó a ser general de brigada, en la vecina república del Ecuador y que desde 1860 residía en Lima, en la condición de proscrito, era mozo gallardo y emprendedor y con pujanza para metérselo a un loro por el pico. Demás está añadir que no fue para él asco de iglesia la conquista de Carolina.
Al cabo llegó a noticias del mariscal, de que cuando él, después de las doce, se retiraba de casa de su maitresse, volvía a abrirse la puerta para dar entrada a otro hombre que no iría, por cierto, a rezar vísperas sino completas con Carolina.
Una noche, al aproximarse Proaño a la casa, le echaron zarpa encima tres embozados de Ia policía, lo enjaularon en un coche, lo condujeron al Callao y lo embarcaron en el vapor que a las dos de la tarde zarpaba para Valparaíso. A Proaño le dijo el comandante Vaquero, que era el jefe de los esbirros, que el gobierno lo desterraba por conspirador; un pretexto, como otro cualquiera, para alejar estorbos.
Es entendido que la dama se defendió como pudo ante don Ramón y que continuó en buen predicamento con él, que acaso en sus adentros murmuraba:
Me dices que eres honrada,
Así lo son las gallinas
Que cacarean, no quiero...
Y tienen al gallo encima.
El ministro de gobierno era un caballero que, por la talla, merecía ser tambor mayor y al cual había bautizado Castilla con el mote de Casa de Tres Pisos, añadiendo que el piso de abajo, corazón y barriga, estaban siempre bien ocupados, pero que el piso alto, el cerebro, era, a veces, habitación vacía.
El ministro tuvo la entereza para decir al Presidente, que encontraba arbitrarios la prisión y destierro de Proaño, a lo que contestó don Ramón:
--!Vaya unos escrúpulos de Fray Gargajo, los que tiene usted, señor ministro! Ni un colegial se queda tan fresco, cuando otro le birla su hembra... Soy ya gallo de mucha estaca...
--Pero, señor Presidente... --interrumpió el ministro.
--Nada, nada, señor don Manuel... este es asunto hasta de dignidad nacional. Este hombre va bien desterrado, porque siendo extranjero, ha tenido la insolencia de quitarle la moza al Gobierno del Perú... Y sépalo, señor ministro, el Gobierno no quiere aguantar cuernos.
Ricardo Palma
Carolina L. .. era, en 1861, una guapa hembra y por la que el Presidente de la República, el gran mariscal don Ramón Castilla, se desmerecía como un cadete. Con frecuencia y de tapadillo, como se dice, iba después de Ias once de la noche a visitarla, siendo notorio que su excelencia era el pagano que, sin tacañería, cuidaba del boato de Ia dama.
El mariscal tenía, por entonces, sesenta y cuatro agostos, pues nació en 1797, y aún parecía hombre sano y enterote; algo debió influir la edad, para que Carolina anheIara las caricias de un joven, con vigor, para registrarla bien los riñones de la concha, cucaracha o como la llamen ustedes.
Víctor Proaño, que con el tiempo llegó a ser general de brigada, en la vecina república del Ecuador y que desde 1860 residía en Lima, en la condición de proscrito, era mozo gallardo y emprendedor y con pujanza para metérselo a un loro por el pico. Demás está añadir que no fue para él asco de iglesia la conquista de Carolina.
Al cabo llegó a noticias del mariscal, de que cuando él, después de las doce, se retiraba de casa de su maitresse, volvía a abrirse la puerta para dar entrada a otro hombre que no iría, por cierto, a rezar vísperas sino completas con Carolina.
Una noche, al aproximarse Proaño a la casa, le echaron zarpa encima tres embozados de Ia policía, lo enjaularon en un coche, lo condujeron al Callao y lo embarcaron en el vapor que a las dos de la tarde zarpaba para Valparaíso. A Proaño le dijo el comandante Vaquero, que era el jefe de los esbirros, que el gobierno lo desterraba por conspirador; un pretexto, como otro cualquiera, para alejar estorbos.
Es entendido que la dama se defendió como pudo ante don Ramón y que continuó en buen predicamento con él, que acaso en sus adentros murmuraba:
Me dices que eres honrada,
Así lo son las gallinas
Que cacarean, no quiero...
Y tienen al gallo encima.
El ministro de gobierno era un caballero que, por la talla, merecía ser tambor mayor y al cual había bautizado Castilla con el mote de Casa de Tres Pisos, añadiendo que el piso de abajo, corazón y barriga, estaban siempre bien ocupados, pero que el piso alto, el cerebro, era, a veces, habitación vacía.
El ministro tuvo la entereza para decir al Presidente, que encontraba arbitrarios la prisión y destierro de Proaño, a lo que contestó don Ramón:
--!Vaya unos escrúpulos de Fray Gargajo, los que tiene usted, señor ministro! Ni un colegial se queda tan fresco, cuando otro le birla su hembra... Soy ya gallo de mucha estaca...
--Pero, señor Presidente... --interrumpió el ministro.
--Nada, nada, señor don Manuel... este es asunto hasta de dignidad nacional. Este hombre va bien desterrado, porque siendo extranjero, ha tenido la insolencia de quitarle la moza al Gobierno del Perú... Y sépalo, señor ministro, el Gobierno no quiere aguantar cuernos.
La misa a escape
Ricardo Palma
De Bogotá era obispo
Monseñor Cuero
Que fue un sabio y un santo
De cuerpo entero.
Su misa para el pueblo,
Poco duraba,
Pues en cinco minutos
La despachada;
Porque del Evangelio
Nunca leía
Sino un par de versículos,
Y así decía:
Perdona, Evangelista,
Si más no Ieo;
Basta de pendejadas
De San Mateo.
Ricardo Palma
De Bogotá era obispo
Monseñor Cuero
Que fue un sabio y un santo
De cuerpo entero.
Su misa para el pueblo,
Poco duraba,
Pues en cinco minutos
La despachada;
Porque del Evangelio
Nunca leía
Sino un par de versículos,
Y así decía:
Perdona, Evangelista,
Si más no Ieo;
Basta de pendejadas
De San Mateo.
Matrícula de colegio
Ricardo Palma
Signore, dom Pietro Cañafistola, directtore de la escuela municipale de Chumbivilcas, 3 de Aprile de 1890.
Mio diletto signore: Fa favore de matriculeare ne la sua escuela, mei figlici Benedetto, Bartolomeo e Cipriano, natti in questta citá de Chumbivilcas, il giorno 20 de Febraio de 1881.
Sono suo servitore e amico
Crispín Gatiessa
Leída por el dómine esta macarrónica esquela, calóse las gafas, abrió el cuaderno de registro o matrícula escolar, entintó la pluma y antes de consignar los datos precisos, entabló conversación con sus futuros alumnos.
Eran estos tres chicos de nueve años, venidos al mundo, en la misma hora o paricio, de una robusta hembra chumbivilcana, casada con don Crispín Gatiessa, boticario de la población, que era un genovés como un trinquete y, tanto, que de una culeada le clavó a su mujer tres muchachotes muy rollizos.
A la simple vista, era casi imposible diferenciar a los niños, pues caras y cuerpos eran de completa semejanza.
--¿Cuál es tu nombre?--preguntó don Pedro a uno de los chicos.
--Servidor de usted, señor maestro, Benedicto--contestó el interrogado con voz de flautín, anacrónica en ser tan desarrollado y vigoroso.
--Vaya una vocesita para meliflua--musitó el magister--j y tú, ¿qué nombre llevas? --continuó, dirigiéndose al otro.
--Para servir a Dios y a la Patria, me llamo Bartolomé--con idéntica voz atiplada.
--¿Otra te pego, Diego? --murmuró, para sí, el maestro--. !Vaya un par de maricones! !Lucido está el bachicha con su prole! ¿Y tú? --preguntó, dirigiéndose al tercero.
--¿Yo?, yo soy Crispín Gatiessa--contestó con voz de trueno, el muchacho.
Casi se cae de espaldas el bueno de don Pedro Cañafistola, ante tamaño contraste, y exclamó:
--!Para la puta que los parió! !Qué cosa! ¿En qué consistirá, que siendo estos tres niños tan iguales de figura, nacidos del mismo vientre, de la misma ventregada, o en el mismo día, uno discrepe tanto por el vocerrón? Aquí me digo yo, cualquiera pierde su latín. !Vaya con los caprichos de la naturaleza!
--Yo le diré a usted, señor maestro, como mi madre no tiene sino dos tetas, ésas sirvieron para que estos dos hermanos mamasen a boca que quieres, y por eso han salido así... pobrecitos de voz.
--Y tú, ¿qué teta mamaste?
--Yo, ninguna.
--¿Cómo ninguna?
--Sí, señor, ninguna: yo mamaba el pájaro de mi padre... y por eso he sacado este vocejón.
Ricardo Palma
Signore, dom Pietro Cañafistola, directtore de la escuela municipale de Chumbivilcas, 3 de Aprile de 1890.
Mio diletto signore: Fa favore de matriculeare ne la sua escuela, mei figlici Benedetto, Bartolomeo e Cipriano, natti in questta citá de Chumbivilcas, il giorno 20 de Febraio de 1881.
Sono suo servitore e amico
Crispín Gatiessa
Leída por el dómine esta macarrónica esquela, calóse las gafas, abrió el cuaderno de registro o matrícula escolar, entintó la pluma y antes de consignar los datos precisos, entabló conversación con sus futuros alumnos.
Eran estos tres chicos de nueve años, venidos al mundo, en la misma hora o paricio, de una robusta hembra chumbivilcana, casada con don Crispín Gatiessa, boticario de la población, que era un genovés como un trinquete y, tanto, que de una culeada le clavó a su mujer tres muchachotes muy rollizos.
A la simple vista, era casi imposible diferenciar a los niños, pues caras y cuerpos eran de completa semejanza.
--¿Cuál es tu nombre?--preguntó don Pedro a uno de los chicos.
--Servidor de usted, señor maestro, Benedicto--contestó el interrogado con voz de flautín, anacrónica en ser tan desarrollado y vigoroso.
--Vaya una vocesita para meliflua--musitó el magister--j y tú, ¿qué nombre llevas? --continuó, dirigiéndose al otro.
--Para servir a Dios y a la Patria, me llamo Bartolomé--con idéntica voz atiplada.
--¿Otra te pego, Diego? --murmuró, para sí, el maestro--. !Vaya un par de maricones! !Lucido está el bachicha con su prole! ¿Y tú? --preguntó, dirigiéndose al tercero.
--¿Yo?, yo soy Crispín Gatiessa--contestó con voz de trueno, el muchacho.
Casi se cae de espaldas el bueno de don Pedro Cañafistola, ante tamaño contraste, y exclamó:
--!Para la puta que los parió! !Qué cosa! ¿En qué consistirá, que siendo estos tres niños tan iguales de figura, nacidos del mismo vientre, de la misma ventregada, o en el mismo día, uno discrepe tanto por el vocerrón? Aquí me digo yo, cualquiera pierde su latín. !Vaya con los caprichos de la naturaleza!
--Yo le diré a usted, señor maestro, como mi madre no tiene sino dos tetas, ésas sirvieron para que estos dos hermanos mamasen a boca que quieres, y por eso han salido así... pobrecitos de voz.
--Y tú, ¿qué teta mamaste?
--Yo, ninguna.
--¿Cómo ninguna?
--Sí, señor, ninguna: yo mamaba el pájaro de mi padre... y por eso he sacado este vocejón.
Fatuidad humana
Ricardo Palma
Cuando el rey don Juan de Portugal se vio forzado, en los primeros años del siglo XIX, a refugiarse en el Brasil, tuvo, pues su majestad fue muy braguetero, por combleza o manfla, querida o menina, a la más linda mulatica de Río de Janeiro, relaciones pecaminosas que, a la larga, dieron por fruto un muchacho, lo que nada tiene de maraviIloso, sino de muy natural y corriente. !Esos polvos traen esos lodosl
Entiendo que la moza exprimió al rey don Juan, dejándoIo con menos jugo que a limón de fresquería.
Dicen las crónicas que Patrocinio, tal se llamaba la bagaza, era caliente y alborotada de rabadilla, lo que la producía gran titilación y reconcomio en el clítoris.
Con ella, los cortesanos no tenían más que invitarla a beber una copa de onfacomelí (licor africano), y... a cabalgar se ha dicho.. .
Sospecho que Patrocinio era tan puta como cualquier chuchumeca de Atenas; cuando a un hombre le venía en gana echar un polvo con una de esas pécoras, no tenía para qué gastar palalbras; bastábale con cerrar el puño, levantando el dedo índice. Si la hembra no estaba con patente sucia, o tenía otro compromiso ajustado, le contestaba cerrando el pulgar, en la forma de anillo o círculo.
Y ya saben ustedes, por si lo ignoraban, cuál fue el origen de esta mímica, que hasta ahora subsiste, entre las mozas de burdel. El macho también formaba anillo, metía en él el índice, y daba luego un taponazo, que era como decir: All right.
Barruntos tenía el rey de las frecuentes jugarretas de su coima, pero no se atrevía a rezongar, por falta de pruebas; al cabo, durmiósele un día el diablo a la muchacha y sorprendiéndola su señor, como dice la Epístola de San Pablo illa sub, ilte super, allí fue Troya. Don Juan la encerró, por un año, en la prisión de prostitutas, y mandó al chico al Seminario de Lisboa; corriendo los tiempos, lo hizo arzobispo de Coimbra.
Jubilada ya Patrocinio en la milicia de Venus, aunque nunca había estado en correspon dencia con su ilustrísimo y reverendísimo hijo, no pudo negarse a dar una carta de recomendación, a su confesor, para el arzobispo de Coimbra, llamado a entender en el asunto que la llevara al Portugal.
Leyó su Ilustrísima la carta, complació al portador en sus pretensiones, y cuando éste fue a despedirse, pidiéndole órdenes para Río de Janeiro, le dio la siguiente carta para Patrocinio:
Señora: Su recomendado le dirá que lo he servido a pedir de boca. No vuelva usted a escribirme, y menos tratándome como cosa suya, porque os filhos naturales do rey non tenlqern madre. Dios la guarde.
No era Patrocinio de esas que lloran a lágrimas de hormiga viuda, ni habría ido a Roma a consultar al Padre Santo la respuesta que cabría dar a la fatuidad del arzobispillo.
He aquí su contestación:
Señor mío: Agradeciendo las atenciones que a mi confesor ha dispensado, cúmpleme decirle que os filhos de puta non tenhem padre. Dios le guarde.
Ricardo Palma
Cuando el rey don Juan de Portugal se vio forzado, en los primeros años del siglo XIX, a refugiarse en el Brasil, tuvo, pues su majestad fue muy braguetero, por combleza o manfla, querida o menina, a la más linda mulatica de Río de Janeiro, relaciones pecaminosas que, a la larga, dieron por fruto un muchacho, lo que nada tiene de maraviIloso, sino de muy natural y corriente. !Esos polvos traen esos lodosl
Entiendo que la moza exprimió al rey don Juan, dejándoIo con menos jugo que a limón de fresquería.
Dicen las crónicas que Patrocinio, tal se llamaba la bagaza, era caliente y alborotada de rabadilla, lo que la producía gran titilación y reconcomio en el clítoris.
Con ella, los cortesanos no tenían más que invitarla a beber una copa de onfacomelí (licor africano), y... a cabalgar se ha dicho.. .
Sospecho que Patrocinio era tan puta como cualquier chuchumeca de Atenas; cuando a un hombre le venía en gana echar un polvo con una de esas pécoras, no tenía para qué gastar palalbras; bastábale con cerrar el puño, levantando el dedo índice. Si la hembra no estaba con patente sucia, o tenía otro compromiso ajustado, le contestaba cerrando el pulgar, en la forma de anillo o círculo.
Y ya saben ustedes, por si lo ignoraban, cuál fue el origen de esta mímica, que hasta ahora subsiste, entre las mozas de burdel. El macho también formaba anillo, metía en él el índice, y daba luego un taponazo, que era como decir: All right.
Barruntos tenía el rey de las frecuentes jugarretas de su coima, pero no se atrevía a rezongar, por falta de pruebas; al cabo, durmiósele un día el diablo a la muchacha y sorprendiéndola su señor, como dice la Epístola de San Pablo illa sub, ilte super, allí fue Troya. Don Juan la encerró, por un año, en la prisión de prostitutas, y mandó al chico al Seminario de Lisboa; corriendo los tiempos, lo hizo arzobispo de Coimbra.
Jubilada ya Patrocinio en la milicia de Venus, aunque nunca había estado en correspon dencia con su ilustrísimo y reverendísimo hijo, no pudo negarse a dar una carta de recomendación, a su confesor, para el arzobispo de Coimbra, llamado a entender en el asunto que la llevara al Portugal.
Leyó su Ilustrísima la carta, complació al portador en sus pretensiones, y cuando éste fue a despedirse, pidiéndole órdenes para Río de Janeiro, le dio la siguiente carta para Patrocinio:
Señora: Su recomendado le dirá que lo he servido a pedir de boca. No vuelva usted a escribirme, y menos tratándome como cosa suya, porque os filhos naturales do rey non tenlqern madre. Dios la guarde.
No era Patrocinio de esas que lloran a lágrimas de hormiga viuda, ni habría ido a Roma a consultar al Padre Santo la respuesta que cabría dar a la fatuidad del arzobispillo.
He aquí su contestación:
Señor mío: Agradeciendo las atenciones que a mi confesor ha dispensado, cúmpleme decirle que os filhos de puta non tenhem padre. Dios le guarde.
El lechero del convento
Ricardo Palma
Allá, por los años de 1840, era yanacón o arrendatario de unos potreros en la chacra de Inquisidor, vecina a Lima, un andaluz muy burdo, reliquia de los capitulados con Rodil, el cual andaluz mantenía sus obligaciones de familia con el producto de la leche de una docena de vacas, que le proporcionaban renta diaria de tres a cuatro duros.
Todas las mañanas, caballero en guapísimo mulo, dejaba cántaros de leche en el convento de San Francisco, en el Seminario y en el monasterio de Santa Clara, instituciones con las que tenía ajustado formal contrato.
Habiendo una mañana amanecido con fiebre alta, el buen andaluz llamó a su hijo mayor, mozalbete de quince años cumplidos, tan groserote como el padre que lo engendrara, y encomendóle que fuera a la ciudad a hacer la entrega de cántaras, de a ocho azumbres, de leche morisca o sin bautizar.
Llegado a la portería de Santa Clara, donde con la hermana portera estaban de tertulia matinal la sacristana, la confesonariera, la refitolera y un par de monjitas más, informó a aquella de que, por enfermedad de su padre, venía él a llenar el compromiso.
La portera, que de suyo era parlanchina, le preguntó:
--¿Y tienen ustedes muchas vacas?
--Algunas, madrecita.
--Por supuesto que estarán muy gordas...
--Hay de todo, madrecita; las vacas que joden están muy gordas, pero las que no joden están más flacas que usted, y eso que tenemos un toro que es un grandísimo jodedor.
--!Jesús! !Jesús!--gritaron, escandalizadas, las inocentes monjitas--. Toma los ocho reales de la leche y no vuelvas a venir, sucio, cochino, ! desvergonzado l ! sirverguenza !
De regreso a la chacra, dio, el muy zamarro, cuenta a su padre de la manera como había desempeñado su comisión, refiriéndole, también, lo ocurrido con la portera.
--!Cojones! !Pedazo de bestia! !Buena la has hecho, hijo de puta! Ir con esas pendejadas a calentar a las monjas. !Hoy te mato a palos, canalla!
Y le arrimó una buena zurribanda.
A la mañana siguiente, fue el patán andaluz llevando la leche al monasterio, y por todo el camino iba cavilando sobre la satisfacción que se creía obligado a dar a las monjas.
--Madrecitas --les dijo--, vengo a pedirles mil perdones, por las bestialidades que dijo ayer, ese zopenco de mi hijo.
--No ponga usted caso en eso, ño Prisciliano--contestó una de las monjas--, son cosas de muchacho inocente, que no sabe lo que habla.
Se sulfuró al oír esto ño Prisciliano; como yo, tenía tirria y enemiga con los inocentones.
--¿Inocentón, mi hijo? No lo crea usted, madre. !Coño y recoño! Como que no sabe usted, que el otro día lo sorprendí con tamaño pinga en la mano, cascándose tres golpes de puñeta. !Carajo, con el inocentón!
Y las monjas, poniéndose las manos en los oídos, echaron a correr como palomas asustadas por el gavilán.
Adivinarse deja, que cambiaron de lechero.
Ricardo Palma
Allá, por los años de 1840, era yanacón o arrendatario de unos potreros en la chacra de Inquisidor, vecina a Lima, un andaluz muy burdo, reliquia de los capitulados con Rodil, el cual andaluz mantenía sus obligaciones de familia con el producto de la leche de una docena de vacas, que le proporcionaban renta diaria de tres a cuatro duros.
Todas las mañanas, caballero en guapísimo mulo, dejaba cántaros de leche en el convento de San Francisco, en el Seminario y en el monasterio de Santa Clara, instituciones con las que tenía ajustado formal contrato.
Habiendo una mañana amanecido con fiebre alta, el buen andaluz llamó a su hijo mayor, mozalbete de quince años cumplidos, tan groserote como el padre que lo engendrara, y encomendóle que fuera a la ciudad a hacer la entrega de cántaras, de a ocho azumbres, de leche morisca o sin bautizar.
Llegado a la portería de Santa Clara, donde con la hermana portera estaban de tertulia matinal la sacristana, la confesonariera, la refitolera y un par de monjitas más, informó a aquella de que, por enfermedad de su padre, venía él a llenar el compromiso.
La portera, que de suyo era parlanchina, le preguntó:
--¿Y tienen ustedes muchas vacas?
--Algunas, madrecita.
--Por supuesto que estarán muy gordas...
--Hay de todo, madrecita; las vacas que joden están muy gordas, pero las que no joden están más flacas que usted, y eso que tenemos un toro que es un grandísimo jodedor.
--!Jesús! !Jesús!--gritaron, escandalizadas, las inocentes monjitas--. Toma los ocho reales de la leche y no vuelvas a venir, sucio, cochino, ! desvergonzado l ! sirverguenza !
De regreso a la chacra, dio, el muy zamarro, cuenta a su padre de la manera como había desempeñado su comisión, refiriéndole, también, lo ocurrido con la portera.
--!Cojones! !Pedazo de bestia! !Buena la has hecho, hijo de puta! Ir con esas pendejadas a calentar a las monjas. !Hoy te mato a palos, canalla!
Y le arrimó una buena zurribanda.
A la mañana siguiente, fue el patán andaluz llevando la leche al monasterio, y por todo el camino iba cavilando sobre la satisfacción que se creía obligado a dar a las monjas.
--Madrecitas --les dijo--, vengo a pedirles mil perdones, por las bestialidades que dijo ayer, ese zopenco de mi hijo.
--No ponga usted caso en eso, ño Prisciliano--contestó una de las monjas--, son cosas de muchacho inocente, que no sabe lo que habla.
Se sulfuró al oír esto ño Prisciliano; como yo, tenía tirria y enemiga con los inocentones.
--¿Inocentón, mi hijo? No lo crea usted, madre. !Coño y recoño! Como que no sabe usted, que el otro día lo sorprendí con tamaño pinga en la mano, cascándose tres golpes de puñeta. !Carajo, con el inocentón!
Y las monjas, poniéndose las manos en los oídos, echaron a correr como palomas asustadas por el gavilán.
Adivinarse deja, que cambiaron de lechero.
El clavel disciplinado
Ricardo Palma
Gran cariño tuvo el virrey Amat por su Mayordomo, don Jaime, que, como su Excelencia, era catalán que bailaba el trompo en la uña y un portento de habilidad en lo de allegar monedas.
La gente de escaleras abajo hablaba pestes sobre los latrocinios, pero los que estaban sentados sobre la cola, que eran la mayoría palaciegos, decían que tal murmuración no era lícita y que encarnaba algo de rebeldía contra su Majestad y los representantes de la corona.
Esta doctrina abunda hoy mismo en partidarios, por lo de quien ofende al can ofende al rabadán.
Así, los clericales, por ejemplo, dicen, que siendo de católicos la gran mayoría del Perú, nadie debía atacar la confesión, ni el celibato sacerdotal, como si en un país donde la mayoría fuera de borrachos no se debería combatir el alcoholismo.
Amat abrigaba el propósito de no regresar a España cuando fuera relevado en el gobierno, y tan decidido estaba a dejar sus huesos en Lima, que hizo construir, en la vecindad del monasterio del Prado, una magnífica casa, con el nombre de Quinta del Rincón.
Podría, hoy mismo, ese edificio competir con muchos de los más aristocráticos de España; pero, como es sabido, fueron tantos y tales los quebraderos de cabeza que llovieron sobre el ex virrey, en el juició de residencia, que aburrido al cabo, se embarcó para la Metrópoli, haciendo regaIo de la señorial residencia, al paisano, amigo y mayordomo.
Decía la voz pública, que es hembra vocinglera y calumniadora, que don Jaime había sido en Palacio correveidile o intermediario de su Excelencia para todo negocio nada limpio, y como siempre Ias puIgas pican, de preferencia, al perro flaco, resultó que muchos de los perjudicados, más que al virrey, odiaban al mayordomo.
Una noche, sonadas ya las ocho, se aproximaba don Jaime a la Quinta del Rincón, cuando le cayeron encima dos embozados que, puñal en mano, lo amenazaron con matarlo si daba gritos pidiendo socorro. Resignóse el catalán a seguirlos, que el argumerlto del puñal no admitía vuelta de hoja, y lo condujeron al Cercado, lugarejo que, por esos tiempos, era de espantosa lobreguez.
Allí le vendaron los ojos y, calle adelante, lo metieron en una casuca donde, a calzón quitado, le aplicaron veinticinco azotes, con látigo de dos ramales, y así, con el rabo bien caliente, lo acompañaron hasta dejarlo en la plazuela del Prado.
Al día siguiente, era popular en Lima este pasquín:
Don Jaime, te han azotado
Y por si esto te desvela
A Amat dile que te huela
El clavel disciplinado.
Por supuesto que una copia de este pasquín llegó a manos del virrey, quien, atragantándosele el tercer verso, dijo:
Que le huela... que le huela...
Que se lo huela su abuela.
Ricardo Palma
Gran cariño tuvo el virrey Amat por su Mayordomo, don Jaime, que, como su Excelencia, era catalán que bailaba el trompo en la uña y un portento de habilidad en lo de allegar monedas.
La gente de escaleras abajo hablaba pestes sobre los latrocinios, pero los que estaban sentados sobre la cola, que eran la mayoría palaciegos, decían que tal murmuración no era lícita y que encarnaba algo de rebeldía contra su Majestad y los representantes de la corona.
Esta doctrina abunda hoy mismo en partidarios, por lo de quien ofende al can ofende al rabadán.
Así, los clericales, por ejemplo, dicen, que siendo de católicos la gran mayoría del Perú, nadie debía atacar la confesión, ni el celibato sacerdotal, como si en un país donde la mayoría fuera de borrachos no se debería combatir el alcoholismo.
Amat abrigaba el propósito de no regresar a España cuando fuera relevado en el gobierno, y tan decidido estaba a dejar sus huesos en Lima, que hizo construir, en la vecindad del monasterio del Prado, una magnífica casa, con el nombre de Quinta del Rincón.
Podría, hoy mismo, ese edificio competir con muchos de los más aristocráticos de España; pero, como es sabido, fueron tantos y tales los quebraderos de cabeza que llovieron sobre el ex virrey, en el juició de residencia, que aburrido al cabo, se embarcó para la Metrópoli, haciendo regaIo de la señorial residencia, al paisano, amigo y mayordomo.
Decía la voz pública, que es hembra vocinglera y calumniadora, que don Jaime había sido en Palacio correveidile o intermediario de su Excelencia para todo negocio nada limpio, y como siempre Ias puIgas pican, de preferencia, al perro flaco, resultó que muchos de los perjudicados, más que al virrey, odiaban al mayordomo.
Una noche, sonadas ya las ocho, se aproximaba don Jaime a la Quinta del Rincón, cuando le cayeron encima dos embozados que, puñal en mano, lo amenazaron con matarlo si daba gritos pidiendo socorro. Resignóse el catalán a seguirlos, que el argumerlto del puñal no admitía vuelta de hoja, y lo condujeron al Cercado, lugarejo que, por esos tiempos, era de espantosa lobreguez.
Allí le vendaron los ojos y, calle adelante, lo metieron en una casuca donde, a calzón quitado, le aplicaron veinticinco azotes, con látigo de dos ramales, y así, con el rabo bien caliente, lo acompañaron hasta dejarlo en la plazuela del Prado.
Al día siguiente, era popular en Lima este pasquín:
Don Jaime, te han azotado
Y por si esto te desvela
A Amat dile que te huela
El clavel disciplinado.
Por supuesto que una copia de este pasquín llegó a manos del virrey, quien, atragantándosele el tercer verso, dijo:
Que le huela... que le huela...
Que se lo huela su abuela.
Otra improvisación del ciego de la Merced
Ricardo Palma
Señor, Dios ,que nos dejaste
Por patrimonio y herencia
La Pobreza y la Indigencia
Cosas que tú tanto amaste
Si era tan buena la cosa
Allá a tu mansión gloriosa
Do los ángeles se mueven
Que no juegan, que no beben
Ni fornican a una moza
¿Por qué no te las llevaste
Ricardo Palma
Señor, Dios ,que nos dejaste
Por patrimonio y herencia
La Pobreza y la Indigencia
Cosas que tú tanto amaste
Si era tan buena la cosa
Allá a tu mansión gloriosa
Do los ángeles se mueven
Que no juegan, que no beben
Ni fornican a una moza
¿Por qué no te las llevaste
Un calembour
Ricardo Palma
Fray Francisco del Castillo, más generalmente conocido por el Ciego de la Merced, fue un gran repentista o improvisador; su popularidad era grande en Lima, allá por los años de 1740 a 1770.
Cuéntase que habiendo una hembra solicitado divorcio, fundándose en que su marido era poseedor de un bodoque monstruosamente largo, gordo, cabezudo y en que a veces, a lo mejor de la jodienda, se quitaba el pañuelo que le servía de corbata al monstruo y largaba el chicote en banda, sucedió que se apartaba de la querella, reconciliándose con su macho. Refirieron el caso al ciego y éste dijo:
No encuentro fenomenal
El que eso haya acontecido
Porque o la cueva ha crecido
O ha menguado el animal.
Llegada la improvisación a oídos del Comendador o Provincial de los mercedarios, éste amonestó al poeta, en presencia de varios frailes, para que se abstuviera de tributar culto a la musa obscena.
Retirado el Superior, quedaron algunos frailes formando corrillo y embromando al ciego por la repasata sufrida.
--¿Y qué dice ahora de bueno, el hermano Castillo?--preguntó uno de los reverendos.
El hermano Castillo dijo:
El chivato de Cimbal,
Símbolo de los cabrones,
Tiene tan grandes cojones
Como el Padre Provincial.
Rieron todos de la desvergonzada redondilla, pues parece que el Superior, nacido en un pueblo del norte, llamado Cimbal, no era de los que por la castidad conquistan el cielo.
No faltó oficioso que fuera con el chisme a su paternidad reverenda, quien castigó al ciego con una semana de encierro en la celda y de ayuno a pan y agua.
Los conventuales, amigos del lego poeta, le dijeron que podía libertarse de la malquerencia del prelado aviniéndose a dar una satisfacclón.
El Padre Castillo echó cuentas consigo mismo y sacó en claro que, siendo él cántaro frágil y el Comendador piedra berroqueña, lo discreto era no seguir en la lucha del débil contra el fuerte; a esa sazón, paseaba su reverencia por el claustro y, arrodillándose ante él, nuestro lego poeta lo satisfizo con el siguiente, muy ingenioso Calembour:
Pues lo dije, ya lo dije; Mas digo que dije mal, Pues lo tiene como dije Nuestro Padre Provincial.
Ricardo Palma
Fray Francisco del Castillo, más generalmente conocido por el Ciego de la Merced, fue un gran repentista o improvisador; su popularidad era grande en Lima, allá por los años de 1740 a 1770.
Cuéntase que habiendo una hembra solicitado divorcio, fundándose en que su marido era poseedor de un bodoque monstruosamente largo, gordo, cabezudo y en que a veces, a lo mejor de la jodienda, se quitaba el pañuelo que le servía de corbata al monstruo y largaba el chicote en banda, sucedió que se apartaba de la querella, reconciliándose con su macho. Refirieron el caso al ciego y éste dijo:
No encuentro fenomenal
El que eso haya acontecido
Porque o la cueva ha crecido
O ha menguado el animal.
Llegada la improvisación a oídos del Comendador o Provincial de los mercedarios, éste amonestó al poeta, en presencia de varios frailes, para que se abstuviera de tributar culto a la musa obscena.
Retirado el Superior, quedaron algunos frailes formando corrillo y embromando al ciego por la repasata sufrida.
--¿Y qué dice ahora de bueno, el hermano Castillo?--preguntó uno de los reverendos.
El hermano Castillo dijo:
El chivato de Cimbal,
Símbolo de los cabrones,
Tiene tan grandes cojones
Como el Padre Provincial.
Rieron todos de la desvergonzada redondilla, pues parece que el Superior, nacido en un pueblo del norte, llamado Cimbal, no era de los que por la castidad conquistan el cielo.
No faltó oficioso que fuera con el chisme a su paternidad reverenda, quien castigó al ciego con una semana de encierro en la celda y de ayuno a pan y agua.
Los conventuales, amigos del lego poeta, le dijeron que podía libertarse de la malquerencia del prelado aviniéndose a dar una satisfacclón.
El Padre Castillo echó cuentas consigo mismo y sacó en claro que, siendo él cántaro frágil y el Comendador piedra berroqueña, lo discreto era no seguir en la lucha del débil contra el fuerte; a esa sazón, paseaba su reverencia por el claustro y, arrodillándose ante él, nuestro lego poeta lo satisfizo con el siguiente, muy ingenioso Calembour:
Pues lo dije, ya lo dije; Mas digo que dije mal, Pues lo tiene como dije Nuestro Padre Provincial.
De buena a bueno
Ricardo Palma
La verdad purita es que, desde que desapareció la tapada, de sayo y manto, desapareció también la sal criolla de la mujer limeña. Era delicioso ir, hasta 1856, a Ia alameda de los Descalzos el día de la porciúncula y en el de San Juan, a la alameda de Acho, en una tarde de toros, y escuchar el tiroteo de agudezas enl:re ellas y ellos, que los limeños no se quedaban rezagados en la chispa de las respuestas; compruebalo este cuentecito:
Iba en la muy concurrida procesión de Santa Rosa, persiguiendo a gentil tapada, un colegialito de San Carlos, mozo de veintle pascuas floridas, correcto en la indumentaria y de simpático coranvobis, realzado con lentes de oro, cabalgados sobre la nariz.
Lucía la tapada un brazo regordete y con hoyuelos, y al andar tenía un cucuteo como para resucitar difuntos, dejando ver un piecesito que cabría holgado en la juntura de dos losas de la calle.
Rompió los fuegos el galán, diciéndole a Ia incógnita belIeza:
Me pego de balazos, con cualquiera, que me diga que no eres hechicera.
--¿ Versaina tenemos? !Límpiate que estás de huevo y déjame en paz, cuatro ojos!
--Te equivocas, tengo cinco, un taco para el quinto. ¿Y a ti en el sexto, cuántos te han puesto?
Ricardo Palma
La verdad purita es que, desde que desapareció la tapada, de sayo y manto, desapareció también la sal criolla de la mujer limeña. Era delicioso ir, hasta 1856, a Ia alameda de los Descalzos el día de la porciúncula y en el de San Juan, a la alameda de Acho, en una tarde de toros, y escuchar el tiroteo de agudezas enl:re ellas y ellos, que los limeños no se quedaban rezagados en la chispa de las respuestas; compruebalo este cuentecito:
Iba en la muy concurrida procesión de Santa Rosa, persiguiendo a gentil tapada, un colegialito de San Carlos, mozo de veintle pascuas floridas, correcto en la indumentaria y de simpático coranvobis, realzado con lentes de oro, cabalgados sobre la nariz.
Lucía la tapada un brazo regordete y con hoyuelos, y al andar tenía un cucuteo como para resucitar difuntos, dejando ver un piecesito que cabría holgado en la juntura de dos losas de la calle.
Rompió los fuegos el galán, diciéndole a Ia incógnita belIeza:
Me pego de balazos, con cualquiera, que me diga que no eres hechicera.
--¿ Versaina tenemos? !Límpiate que estás de huevo y déjame en paz, cuatro ojos!
--Te equivocas, tengo cinco, un taco para el quinto. ¿Y a ti en el sexto, cuántos te han puesto?
!Tajo o tejo!
Ricardo Palma
El único teatro que, por los años de 1680, poseía Lima, estaba situado en la calle de San Agustín, en un solar o corralón que, por el fon do, colindaba con la calle de Valladolid, y era una compañía de histriones o cómicos de la legua la que actuaba.
Ensayábase una mañana no sé qué comedia de Calderón o de Lope, en la que el galán principiaba un parlamento con estos versos:
Alcánzar que sobre el Tejo
Lo de Tejo hubo de parecer al apuntador errata de la copia, y corrigiendo al cómico, le dijo:
--!Tajo!, Tajo!
Este no quiso hacerle caso y repitió el verso: Alcánzar que sobre el Tejo
--Ya le he dicho a usted que no es sobre el Tejo . . .
--Bueno, pues--contestó el galán, resignándose a obedecer--, sea como usted dice, pero ya verá lo que resulta--y declamó la redondilla:
Alcázar que sobre el Tajo
Blandamente te reclinas
Y en sus aguas cristalinas
Te ves como en un espajo.
Y voIviendo al apuntador, le dijo, con aire de triunfo
¿Ya lo ve usted, so carajo,
Cómo era Tejo y no Tajo?
A lo que aquél, sin darse por vencido, con
Pues disparató el poeta
!Puñeta!
Ricardo Palma
El único teatro que, por los años de 1680, poseía Lima, estaba situado en la calle de San Agustín, en un solar o corralón que, por el fon do, colindaba con la calle de Valladolid, y era una compañía de histriones o cómicos de la legua la que actuaba.
Ensayábase una mañana no sé qué comedia de Calderón o de Lope, en la que el galán principiaba un parlamento con estos versos:
Alcánzar que sobre el Tejo
Lo de Tejo hubo de parecer al apuntador errata de la copia, y corrigiendo al cómico, le dijo:
--!Tajo!, Tajo!
Este no quiso hacerle caso y repitió el verso: Alcánzar que sobre el Tejo
--Ya le he dicho a usted que no es sobre el Tejo . . .
--Bueno, pues--contestó el galán, resignándose a obedecer--, sea como usted dice, pero ya verá lo que resulta--y declamó la redondilla:
Alcázar que sobre el Tajo
Blandamente te reclinas
Y en sus aguas cristalinas
Te ves como en un espajo.
Y voIviendo al apuntador, le dijo, con aire de triunfo
¿Ya lo ve usted, so carajo,
Cómo era Tejo y no Tajo?
A lo que aquél, sin darse por vencido, con
Pues disparató el poeta
!Puñeta!
El carajo de Sucre
Ricardo Palma
El mariscal Antonio José de Sucre fue un hombre muy culto y muy decoroso en palabras. Contrastaba en esto con Bolívar. Jamás se oyó de su boca un vocablo obsceno, ni una interjección de cuartel, cosa tan común entre militares. Aun cuando (lo que fue raro en él) se encolerizaba por gravísima causa, limitábase a morderse los labios; puede decirse que tenía lo que llaman la cólera blanca.
Tal vez fundaba su orgullo en que nadie pudiera decir que lo había visto proferir una palabra soez, pecadilIo de que muchos santos, con toda su santidad, no se libraron.
El mismo Santo Domingo cuando, crucifico en mano, encabezó la matanza de los albigenses, echaba cada "Sacre nom de Dieu" y cada taco, que hacía temblar al mundo y sus alrededores.
Quizás tienen ustedes noticia del obispo, señor Cuero, arzobispo de Bogotá y que murió en olor de santidad; pues su Ilustrísima, cuando el Evangelio de la misa era muy largo, pasaba por alto algunos versículos, diciendo: Estas son pendejadas del Evangelista y por eso no las leo.
Sólo el mariscal Miller fue, entre los pro-hombres de la patria vieja, el único que jamás empleó en sus rabietas el cuartelero !carajo!
El juraba en inglés y por eso un "God dam!" de Miller, (Dios me condene), a nadie impresionaba. Cuentan del bravo británico que, al escapar de Arequipa perseguido por un piquete de caballería española, pasó frente a un balcón en el que estaban tres damas godas de primera agua, que gritaron al fugitivo:
--!Abur, gringo pícaro!
Miller detuvo al caballo y contestó:
--Lo de gringo es cierto y lo de pícaro no está probado, pero lo que es una verdad más grande que la Biblia es que ustedes son feas, viejas y putas. !God dam!
Volviendo a Sucre, de quien la digresión milleresca nos ha alejado un tantico, hay que traer a cuento el aforismo que dice: "Nadie diga de esta agua no beberé".
El día de la horrenda, de la abominable tragedia de Berruecos, al oírse la detonación del arma de fuego, exclamó Sucre, cayendo del caballo:
--!Carajo!, un balazo...
Y no pronunció más palabra.
Desde entonces, quedó como refrán el decir a una persona, cuando jura y rejura que en su vida no cometerá tal o cual acción, buena o mala:
-!Hombre, quién sabe si no nos saldrá usted un día con el Carajo de Sucre!
Ricardo Palma
El mariscal Antonio José de Sucre fue un hombre muy culto y muy decoroso en palabras. Contrastaba en esto con Bolívar. Jamás se oyó de su boca un vocablo obsceno, ni una interjección de cuartel, cosa tan común entre militares. Aun cuando (lo que fue raro en él) se encolerizaba por gravísima causa, limitábase a morderse los labios; puede decirse que tenía lo que llaman la cólera blanca.
Tal vez fundaba su orgullo en que nadie pudiera decir que lo había visto proferir una palabra soez, pecadilIo de que muchos santos, con toda su santidad, no se libraron.
El mismo Santo Domingo cuando, crucifico en mano, encabezó la matanza de los albigenses, echaba cada "Sacre nom de Dieu" y cada taco, que hacía temblar al mundo y sus alrededores.
Quizás tienen ustedes noticia del obispo, señor Cuero, arzobispo de Bogotá y que murió en olor de santidad; pues su Ilustrísima, cuando el Evangelio de la misa era muy largo, pasaba por alto algunos versículos, diciendo: Estas son pendejadas del Evangelista y por eso no las leo.
Sólo el mariscal Miller fue, entre los pro-hombres de la patria vieja, el único que jamás empleó en sus rabietas el cuartelero !carajo!
El juraba en inglés y por eso un "God dam!" de Miller, (Dios me condene), a nadie impresionaba. Cuentan del bravo británico que, al escapar de Arequipa perseguido por un piquete de caballería española, pasó frente a un balcón en el que estaban tres damas godas de primera agua, que gritaron al fugitivo:
--!Abur, gringo pícaro!
Miller detuvo al caballo y contestó:
--Lo de gringo es cierto y lo de pícaro no está probado, pero lo que es una verdad más grande que la Biblia es que ustedes son feas, viejas y putas. !God dam!
Volviendo a Sucre, de quien la digresión milleresca nos ha alejado un tantico, hay que traer a cuento el aforismo que dice: "Nadie diga de esta agua no beberé".
El día de la horrenda, de la abominable tragedia de Berruecos, al oírse la detonación del arma de fuego, exclamó Sucre, cayendo del caballo:
--!Carajo!, un balazo...
Y no pronunció más palabra.
Desde entonces, quedó como refrán el decir a una persona, cuando jura y rejura que en su vida no cometerá tal o cual acción, buena o mala:
-!Hombre, quién sabe si no nos saldrá usted un día con el Carajo de Sucre!
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