miércoles, 23 de diciembre de 2009


Patricia De Souza
(Lima, 1964)



Cuando llegue la noche (1994)
Líneas aéreas (1999)
La mentira de un fauno
La demencia tiene tu color
Domingo de Ramos
La demencia tiene tu color Bomba
tiene algo de tus labios Negros
tiene cierto olor Blanco
tiene por último sabor Orgía
reprimida nochería ronería
tiene mis días contados

Golondrina pálida anida en los huecos
ladrillos de otoño Otoñal como tú
Mi testa se enciende por tu ventana
que cierras al anochecer
cuando tu cuerpo se tiende
entre mis piernas rubias rubias
mis manos sobre tu undosa cabellera
que a partir de las 7 amo sin-mesura
que a partir de las 8 cabalgo con-ternura
que a partir de las 9 odio con-fisura
fisura en el hueso en el cielorraso blanco
de tus ojos hielo hielo como el miedo
tus manos (mar retirándose a su cementerio)
Espinosas fosas son tus puertas
Los ascensores son las máquinas a los infiernos
cuya marca del 3 es 3 porque 3 no es
mi número favorito es mi sincronía
es la desolación del ángel la imprecisa
soledad de las noches de las novias
asqueadas de blanco de preñez
que ríen con un corazón enano
Ya nadie se suicida con un paracaídas
Yo que en añosa selva de tu cuarto oí
un rugido de moscas y 3 son los caminos
y 3 de todos los meses me encuentro
por 3 caminos hacia tu casa
3 por tu sordera 3 por tu ceguera
Y nunca tuve un cielo como el tuyo entre mis manos
abiertas de rama en rama con oloroso aguaje
y explore lo inexplorable lo inexplicable
Pero tú sentada en mi impecable soledad
y en el momento de un atardecer
que era un cuerpo desplomándose en la mar
no me veías nunca y acariciabas un árbol
una mesa tu piso de parquet
mas yo era yo
tirado como un cadáver sobre el quirófano
mirando no sé qué naufragio qué calles
recuerdos cuadros bellos como
el de una mujer haciendo el amor
a solas
De la madre
Domingo de Ramos
Bendíjese oh sí el altar de este catre desnudo Allí entre velas que calentaban las arrugadas manos de la madre Vacié todo mi aliento y sobre un puñal de cenizas recordé La nervuda arena que entraba hasta taparme los pies torciéndome en un lado diurno y otro oscuro en esta pared de esteras como plástico barroso que el invierno apaga y me hablasen de aquella que sobre el polvo me ha hecho Ella que transida bajaba ululando su tordilla cabellera por la pendiente haciendo trazos torpes por el peso de la tardanza O por el sol lastimando sus pómulos su frente sudorosa Como creí verla al ser arrojado sobre unas sábanas blancas que amoriguaban mi caída En ese lejano sembrío de viñas y yo como un recién llegado recibí estos ecos como si me aserrase el pecho lentamente entre el rumor de los primus y voces que se cuelan y hachan las sombrosas telas que aún apañan las hendiduras del tiempo y ella se levantase y yo en el sitio donde no debo y me dijese como un arrebol curtido racha y silente con que me despierta y aún cegado por lo inesperado me levanto a tientas a danzar alrededor de su falda y ella cavilosa y runa contempla el paisaje donde dirigió su rostro limpio hacia todos los aires !Oh ya no será más el aceite tierno de las madrugadas violáceas ya no seré el hijunagramputa que se incendia falcado en su regazo y me abrace con su chompa podrida sus cerezos sus agujas su jardín metálico en que el padre se arrecuesta como un ocaso mi arrobamiento ante sus palabras necias y dulces como machacados ajos me llega su llanura sus manos sus consejos ecayolados sobre mi mente que se acrece y se arruga en tiempos en que me devoran estas faenas impuras y sangrientas que partían mis noches oh la oscura y china noche como diría el padre al cerrarse el bar al borde del estribo una mujer como el día me golpea en la nuca y yo quisiera al voltear mi tristeza en su tristeza y bendíjese oh sí el altar de este catre desnudo me dé su inextirpable sonrisa que me azula.

DOMINGO DE RAMOS

Domingo de Ramos
(Ica, 1960)

Arquitectura del espanto (1988)
Pastor de perros (1993)
Luna cerrada (1995)
Ósmosis (1996)
Las cenizas de Altamira (1999)
Soneto XIII
Garcilaso de la Vega
A Dafne ya los brazos le crecían,
y en luengos ramos vueltos se mostraba;
en verdes hojas vi que se tornaban
los cabellos que el oro escurecían.

De áspera corteza se cubrían
los tiernos miembros, que aún bullendo estaban:
los blancos pies en tierra se hincaban,
y en torcidas raíces se volvían.

Aquel que fue la causa de tal daño,
a fuerza de llorar, crecer hacía
este árbol que con lágrimas regaba.

¡Oh miserable estado! ¡oh mal tamaño!
¡Que con llorarla crezca cada día
la causa y la razón porque lloraba
Soneto XII
Garcilaso de la Vega
Si para refrenar este deseo
loco, imposible, vano, temeroso,
y guarecer de un mal tan peligroso,
que es darme a entender yo lo que no creo.

No me aprovecha verme cual me veo,
o muy aventurado o muy medroso,
en tanta confusión que nunca oso
fiar el mal de mí que lo poseo,

¿qué me ha de aprovechar ver la pintura
de aquél que con las alas derretidas
cayendo, fama y nombre al mar ha dado,

y la del que su fuego y su locura
llora entre aquellas plantas conocidas
apenas en el agua resfrïado?
Hermosas ninfas, que, en el río metidas,
contentas habitáis en las moradas
de relucientes piedras fabricadas
y en columnas de vidrio sostenidas;

agora estéis labrando embebecidas
o tejiendo las telas delicadas,
agora unas con otras apartadas
contándoos los amores y las vidas:

dejad un rato la labor, alzando
vuestras rubias cabezas a mirarme,
y no os detendréis mucho según ando,

que o no podréis de lástima escucharme,


o convertido en agua aquí llorando,
podréis allá despacio consolarme.